Usos quotidians i simbolisme de les ceràmiques calcolítiques de Can Clapés.
Les peces de ceràmica trobades a Can Clapés ens obren una finestra directa a la vida quotidiana de fa més de 4.000 anys. Són fragments de vasos petits, fets a mà, amb formes senzilles però funcionals. Tot i la seva aparent simplicitat, aquestes restes ens diuen molt més del que sembla.
Alguns d’aquests vasos podrien haver servit per contenir aliments o líquids, altres haurien pogut formar part d’ofrenes rituals. La seva presència en un enterrament ens parla d’hàbits domèstics, creences i maneres d’acomiadar els difunts.
A més, analitzar el tipus d’argila, les tècniques de fabricació o les formes ens permet situar el jaciment dins del temps: sabem que aquestes ceràmiques pertanyen a l’època del Calcolític, i això ens ajuda a comparar Can Clapés amb altres jaciments del territori. Així, aquests fragments ens connecten amb una manera de viure i de morir pròpia d’aquella època.
Explora un dels vasos ceràmics trobats al jaciment.
Observa’n el perfil, la vora, les marques manuals i la textura, i imagina com es feien servir fa més de 4.000 anys.
Continua explorant les altres peces del jaciment:
El itinerario comienza en el propio Hotel Angelats, situado a 950 metros sobre el nivel del mar. Al salir del hotel, debemos dirigirnos hacia la derecha en dirección a la antigua serrería. Pasaremos junto al edificio y seguiremos el camino en descenso, bien señalizado, que atraviesa un bosque fresco y sombrío hasta llegar rápidamente al torrente de Angelats.
Justo antes de cruzar el puente, encontramos un pequeño desvío a la derecha que permite acercarse al torrente. Es un breve recorrido de menos de 50 metros, ideal para disfrutar de la frescura y el sonido del agua antes de regresar al camino principal.
Una vez cruzado el puente, el sendero comienza a ascender suavemente entre árboles y claros, siguiendo un trazado sinuoso que invita a caminar con calma. Poco a poco, el camino gana altura hasta llegar a un amplio prado abierto, especialmente bonito en primavera y verano, cuando se llena de flores. Desde aquí se puede contemplar el paisaje verde característico de este valle pirenaico.
Al llegar al prado, debemos cruzarlo por el centro en dirección al bosque que se encuentra al otro lado. Allí, una señal indica el inicio de un pequeño sendero que asciende de forma corta pero intensa hasta llegar al roble monumental de Angelats, un árbol protegido que se encuentra en el punto más elevado del recorrido, cerca de los 1.000 metros de altitud.
Tras la visita, regresamos descendiendo de nuevo hasta el prado y lo cruzamos otra vez para tomar el camino hacia la derecha. A partir de aquí comienza una bajada progresiva que, entre zigzags por el bosque, nos lleva hasta el punto más bajo del itinerario. Tras pasar cerca de la vía del tren, llegamos a un nuevo puente sobre el torrente de Angelats, muy próximo a su desembocadura en el río Freser.
Una vez cruzado este puente, enlazamos con la pista principal asfaltada de acceso al hotel. Siguiéndola en suave ascenso, regresamos al punto de inicio. Antes de llegar, podremos disfrutar nuevamente de bonitas vistas de los prados de pasto y de los Pirineos al fondo, donde destaca la cima del Torreneules, mientras una hilera de cipreses nos da la bienvenida al hotel.
El itinerario comienza en el propio Hotel Angelats. Al salir del hotel, debemos dirigirnos hacia la derecha en dirección a la antigua serrería. Pasaremos junto al edificio y, unos pocos metros más adelante, justo donde este termina, encontraremos un pequeño sendero que gira a la derecha —bien señalizado— y que asciende rápidamente por el bosque. Se trata de una subida corta, de unos 30 metros de desnivel.
Una vez superado este tramo, el camino se vuelve prácticamente llano y discurre siguiendo el recorrido de un antiguo canal de agua, hoy en desuso, que en el pasado abastecía a la casa de Angelats. En algunos tramos, el propio canal hace de sendero, por lo que solo hay que seguir su trazado.
A lo largo del recorrido, el sendero avanza suavemente entre árboles altos y un terreno húmedo, con pequeños desniveles muy suaves. Poco a poco, el valle se va estrechando y el entorno se vuelve más sombrío, hasta llegar al curso del torrente de Angelats, que iremos siguiendo. De forma casi inesperada, la cascada aparecerá ante nosotros.
En este punto finaliza el camino. Es el momento de disfrutar de este rincón íntimo y muy fotogénico: un pequeño oasis en medio del bosque donde merece la pena detenerse, escuchar el sonido del agua cayendo con calma y respirar profundamente, disfrutando del ambiente fresco y agradable, especialmente en verano.
Para regresar, simplemente hay que deshacer el camino por el mismo recorrido. Una caminata corta, pero con auténtico sabor a descubrimiento.